Tradicionalmente se ha considerado la calidad en téminos de precios elevados y durabilidad del producto, como primando la protección de la inversión realizada. También se valoran los materiales, los métodos de fabricación, el acabado o el diseño. Pero ahora se presta más atención la la funcionalidad y a los detalles. Creo que hace ya años que se aprecia un significativo cambio en nuestro comportamiento respecto de la percepción de la calidad de lo que compramos.
Reconocemos que las innovaciones y las modas dejarán en la obsolescencia a los productos que aduirimos y a los que les reconocemos una cierta vida útil. Nuestra expectativa se centra cada vez más en el terreno funcional y de la imagen. El diseño se abre camino y los precios altos no están en las agendas de los compradores. Dos de las mayores fortunas del planeta pertenecen a fundadores de negocios, textiles en España y de mobiliario en Suecia, que representan buenos exponentes de estos planteamientos.
En el sector servicios y hosteleros, se aprecian cambios en las costumbres y en las expectativas de sus clientes. si bien queremos ser tratados mejor que bien, reconocemos que es posible abrir paso a cierto nivel autoservicio. Nos gusta la variedad, salir a la calle, comprar, visitar los paisajes y las ofertas culturales y turísticas y disfrutar del ambiente para regresar a última hora. Los hoteles con encanto y las casas rurales son ejemplos de opciones que comienzan a imponerse.
En mi opinión, sea cual sea su "empresa", lo más probable es que sus clientes, sus votantes o sus usuarios hayan cambiado hace tiempo y estén esperando una oferta innovadora por su parte que esté más basada en las necesidades de la demanda que en las posibilidades de la oferta. La palabra crisis sólo significa "cambio" y creo que los que cambien tendrán mejores oportunidades de triunfar. Hoy, que se celebra en los centros educativos el día de Santo Tomás de Aquino como día no lectivo, he elegido una cita suya para encabezar este comentario. Y propongo otra cita también suya para terminar: "Teme al hombre de un solo libro", teme al que no quiere cambiar.