Sería necesario también controlar el gasto y endeudamiento de las Comunidades Autonómicas y Ayuntamientos, y mal se casan las reformas con el ejemplo que da el Gobierno de la Nación.
Hay, sin embargo, un segundo, tercer y cuarto nivel de reformas y trabajo por hacer para cambiar a un crecimiento sostenible en este país. Me refiero al sistema electoral, al pacto por una justicia independiente, a la persecución de la corrupción dentro de los partidos, etc., etc.
Las leyes están ahí, pero no se aplican o se hacen pobremente, los policías locales deben llevar a los menores que no están en clase en hora lectivas ante el Jefe de Estudios y estos avisar a los padres. Debe de actuarse con dureza ante los padres que amenazan e incluso agreden a profesores, modificar las leyes para que los menores no estén fuera del circuito punible. Los 16 años no tienen nada que ver con los delitos que cometen chavales de 13 y 14 años. Ayudemos a los padres a recuperar autoridad y educación en sus hijos, sino es así, el fracaso escolar estará garantizado y se incrementará aún más.
Es necesaria una política de inmigración reformada, realista, para expulsar delincuentes, para parar la entrada por pateras actuando sobre los buques nodriza, revisar automóviles y autobuses que nutren a las mafias del Este de armas, prostitución y capital ilegal fundamentalmente, etc., etc.
Rectifiquemos leyes, si es necesario, para que la judicatura apoye a las fuerzas del orden, en su trabajo. Si somos capaces de apretar tuercas a los empresarios, y a las mercantiles, vía Agencia Tributaria y variedad de nuevos delitos, seamos capaces de meter en la cárcel a mucho maleante suelto, o mejor expulsémosles del país con procedimiento de urgencia. El esfuerzo económico que se realice dará sus frutos.
Por último, veamos la forma de ayudar a la Sanidad con copago, céntimo gasolinero y otros inventos, pero restrinjamos derechos sanitarios de ámbito lujoso o innecesario de quien no contribuye, o de quien no lo merece como los presidiarios. Rectifiquemos la política de una sanidad gratuita y total para el que esté en el país. Sinceramente no podemos permitírnoslo.
Además, no podemos permitirnos tantos auditorios, aeropuertos, Aves para los pueblos, y tantas comodidades y caprichos que conllevan mantenimiento, potenciación de ocio y lujo, y gastos sin cuento en detrimento de ahorro y trabajo.
No vamos bien. Necesitamos valores, autodisciplina, autoridad bien ejercida, productividad en el trabajo, y, sobre todo, un pacto de estado que vuelva a reorganizar nuestra convivencia: entre comunidades, entre padres e hijos, educadores y alumnos, contribuyentes, ciudadanos y el estado, y muchas cosas más. Paciencia.